Free-lance curator/director based in Madrid, Spain, working either in public and private spaces since 1987
Pablo Lázaro Saura
PERSONA
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Comisarias: Alicia Chillida - Carmen Giménez. Con la colaboración de César Borja. Coordinación: Julia Marina Mucientes.
Lugar: Casa Saura, Cuenca. Mayo 2026.
Esconder y revelar. Alicia Chillida – Carmen Giménez.
Estar en una casa como se está fuera del tiempo y del espacio, como habitar muchos lugares distintos a la vez, de modo sincrónico. Es un palacio del siglo XVII en el corazón del casco histórico de Cuenca, el que fue hogar y estudio del pintor Antonio Saura (1930-1998), hoy habitado por Pablo Lázaro Saura (Madrid, 1992), nieto del artista, hijo de Marina. Espacio velazqueño, espacios truncados, laberintos, casa, taller y familia inseparables. Un interior que no contiene un tiempo uniforme, absoluto, sino infinitas series de tiempos, divergentes, convergentes y paralelos. Tiempos entramados que se aproximan, se cortan o se ignoran entre ellos. Las máscaras son la “llave” con las que abrir el espacio a la experiencia, al espectador, si seguimos la voz que denomina la máscara del actor en el teatro griego prósopon (delante de la cara), que evoluciona al latín persona, per-sonare (resonar la voz). Este ha sido el elemento detonante en la creación de una serie de pinturas durante el último año: Persona, surgida tras unosautorretratos “introspectivos” Through the looking glass, que terminan derivando en lo monstruoso. Persona se inspira en algunas máscaras africanas, en cráneos modelados de Melanesia, Indonesia o en aquellos demonios que ahuyentan el frío en los rituales de los carnavales centroeuropeos. Una larga serie que evoluciona en las Máscaras objeto, creadas a partir del propio rostro del artista. Y por último, los objets trouvés que ofrecen un contrapunto surrealista a los autorretratos. Argullol reflexiona a este respecto:
Puede afirmarse que el grueso de la actividad estético-mágica del hombre, desde la prehistoria, se concentra en el enmascaramiento, el tatuaje, la música y la danza. Como la pintura y la escultura, la máscara y el tatuaje ostentan el doble valor, imitativo y cognoscitivo, de la representación.
La serie Persona viene a implosionar una obra previa más lírica, de paisajes matéricos: Originaria, Huella ardiente, Horizontes inciertos o reconocimientos explícitos a los grandes de la pintura española en el Perro semihundido o la Venus del espejo. Y por último los grandes lienzos de La comédie humaine. Todo ello conforma el trabajo de Pablo Lázaro durante los últimos ocho años, el recorrido que traza esta exposición.
La propuesta curatorial consistió en la búsqueda de un lugar de convergencia y convivencia entre los dos artistas a través de la casa y su reverberación. Lázaro Saura genera una nueva obra pictórica a partir de este diálogo con la memoria de Antonio Saura, desde un lugar profundo, no estereotipado, contenido, desafiante, silencioso y veraz. No sustraerse a esa gran presencia, no sucumbir ante ella, sino integrarla. La decisión de preservar el espacio tal y como había quedado tras la muerte de Antonio, con sus libros, sus objetos de cerámica, sus máscaras africanas, mexicanas… sus paredes quemadas, fue calando en el imaginario del actual habitante y las nuevas obras nacieron como respuesta a ello. En la lúdica y libre colaboración entre Dieter Roth y Arnulf Rainer, este último confirmaba que “en el encuentro entre dos artistas existe la redireccionalidad, se pueden generar nuevos caminos de transformación, de evolución”.
La utilización de una serie de lienzos hallados en la casa fue el primer impulso que lanzaba a Lázaro a ese diálogo en la búsqueda de un vacío, que se tradujo en un espacio roto, rasgado y retorcido dentro del cuadro. Así describe el artista su proceso:
«Me daba la impresión de que cuanto más intensa o cuanto más terrorífica era la máscara, el modelo, más cumplía yo con mi objetivo. mayores capas me desprendía… capas de alma.»
El autor ha explorado en Persona la piel del lienzo a base de reducirla y retorcerla hasta hacerla girones, para dar protagonismo a un nuevo espacio tras la máscara: a veces el propio muro, a veces una segunda superficie por detrás, en sintonía con aquel artista que, a mitad del siglo XX, rasga la superficie del lienzo, creando un accidente o interrupción, un espacio infinito, una apertura abierta al espectador. Lucio Fontana en su Concetto spaziale. Atessa (Concepto espacial. Espera), 1960, trata la pintura como un vehículo para la experiencia, rompe la frontalidad al proyectar un nuevo espacio mental ilimitado. La palabra attesa contiene la idea de expectación, de retardo, enfatiza la noción de una región indefinida que puede ser aprehendida como la zona, el ser posterior del lienzo, “un espacio hipotético que habita en el anverso del cuadro, conectado en abstracto con la idea de suspense”.
Previamente, Manzoni en su manifiesto Para el descubrimiento de una Zona de Imágenes, 1956, declara que no se puede considerar en absoluto la pintura como un espacio en el que proyectar nuestra escenografía mental, sino como el área de libertad en el que buscar y descubrir “nuestras primeras imágenes” . Manzoni cree que el arte está enraizado en el descubrimiento de los mitos universales preconscientes.
En la serie La comédie humaine, la violencia se ha mitigado, los pliegues se han convertido en elementos estructurales del cuadro y de ellos comienzan a emerger “acuosamente” personajes extraños, de razas distintas, procedentes de un futuro posible o de un pasado remoto, con caracteres grotescos, estridentes e incluso humorísticos, que llegan a adoptar actitudes corporales estereotipadas, algunos escapados de la historia de la pintura. Existe un precedente en otro retrato previo, lavado, borrado, que parece pintado por el tiempo y la intemperie titulado Los perros de Van Gogh. El agua fue también el agente generador de aquellas primeras pinturas matéricas, Horizontes inciertos, en las que el autor apenas intervenía, sino que dejaba que la arena y el agua actuaran, pintando la superficie.
Si hablamos de máscaras, de “personas”, la trama de la acción que desencadena esta exposición se ha activado en la memoria fuera del tiempo y del espacio, como un hecho constitutivo, a través de un fuerte vínculo, invisible pero manifiesto, de amistad y complicidad que unió a Carmen Giménez con Antonio Saura (1930-1998), y con la crítica e historiadora del arte norteamericana, Dore Ashton (1928-2017), vinculada al Expresionismo Abstracto y asidua colaboradora de Giménez en proyectos expositivos.
Además, la generosidad y cercanía de Ashton propició que Pablo Lázaro fuera acogido en su casa del East Village en 2010, a través del vínculo con su padre, el escritor y cineasta Eusebio Lázaro, quien dedicó dos monográficos en audiovisual a la gran teórica de la Escuela de Nueva York. En aquella casa, la misma que frecuentaron en los años cincuenta Rothko, Octavio Paz, Ionesco o Borges, Pablo pudo formarse en el arte, y participar junto a Dore de la intensa vida artística de la “Gran Manzana” e incluso, acudir a sus cursos en Cooper Union.
Ellos, “en el aire”, como afirma Borges, han sido impulsores de este proyecto, mediante el reconocimiento a su memoria. Memoria que se activa y materializa en este interior conquense que acoge la obra y la vida de Pablo Lázaro, pintor joven y determinado que reclama su propio lugar desde el que representar el mundo. En la convicción de que las personas tienen una visión artística proporcional a la longitud y profundidad de su mirada frente al mar.
Ser igual que todos es afirmar la nada como punto de partida, la exigencia de construir un lugar desde el que ejercer las posibilidades, el que representar el mundo: el mundo no está, ya, representado. Al representarlo se configura el sujeto como tal y toma conciencia de su condición.
Es en esta búsqueda escarpada, difícil e inestable, dibujada por la loma a la que asoma el perro de Goya, el perro es el sujeto, el nosotros, los que buscamos una voz propia. Es en este lugar mental en el que Lázaro Saura se sitúa ante la pintura, con su mirada fija en esa roca, en ese horizonte frente a la casa de Cuenca.