Ábalos & Herreros: Grand Tour

Introducción. Alicia Chillida

Ábalos & Herreros. Grand tour es una exposición-itinerario por la obra de este estudio de arquitectura madrileño, que genera dos viajes: uno geográfico que permite desplazarse a otras sedes museísticas, y otro hacia el interior del propio trabajo constructivo, ya que a través de una cartografía precisa se pueden leer los ejes fundamentales de su arquitectura y lo esencial de su investigación práctica y teórica. Una taxonomía que se despliega a través de tipologías bien diferenciadas en la que cada tipo incorpora una tarea de investigación sobre sí mismo, sobre el contexto específico en el que se inscribe y sobre la posibilidad de generar toda una idea operativa a escala de territorio, esto es, la posibilidad de crear un mundo construido a partir de Pabellones, Observatorios, Paisajes reciclados y Enlaces.

Desde 1997 hasta 2002, estos arquitectos recogieron en manifiestos una forma de hacer arquitectura que llamaron Nueva Naturalidad. Esta Naturalidad, basada en la “atracción por construir una nueva noción de belleza”, pasa por disolver los límites disciplinares entre arquitectura, arte, paisaje y pensamiento; se detiene en lugares negativos como los descampados, que los arquitectos denominan “áreas de impunidad”, espacios de la periferia convertidos en lugares propicios para formas de sociabilización emergentes. Una Naturalidad que les permite establecer los códigos de una arquitectura monumental y artificiosa, en términos de un futuro paisaje posible: “En los últimos años estamos asistiendo a una transferencia significativa: todo lugar ha pasado a ser entendido como un paisaje, sea natural o artificial, y éste ha dejado de ser ese fondo neutro sobre el que destacan objetos artificiales arquitectónicos más o menos vocacionalmente escultóricos, para ser objeto de interés primario, foco de la atención del arquitecto”.

Una de esas formas de arquitectura, los Observatorios, se desarrolla en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en la Plaza y Torre Woermann. Los observatorios responden a un tipo de edificación vertical, marcados por un anhelo de traspasar los límites de la experiencia humana. Son unos mecanismos intermedios entre hombre y la naturaleza que le rodea. Exploran, a su vez, la tecnología al servicio de la arquitectura. El área de los Enlaces se materializa en este caso en el pavimento de la plaza, a través de la colaboración con el pintor alemán Albert Oehlen, como sucediera en una colaboración previa en el Parque Litoral Norte del Forum de Barcelona.

La arquitectura de Iñaki Ábalos y Juan Herreros es siempre un juego táctico, un intercambio de roles que formula naturaleza y artificialidad en términos de reencuentro o mistificación. Sus propuestas suelen ser casi siempre multidisciplinares y proceden de un renovado e inevitable ansia de enriquecimiento del proyecto a través de la colaboración con artistas plásticos, filósofos, biólogos, historiadores del arte o analistas económicos. En esta exposición proyectan una mirada sobre su propia obra, trasladan el ambiente y las inquietudes del estudio al espacio del museo, en el caso del CAAM, una casa-patio del siglo XVI en el corazón del barrio de Vegueta, el Palacio Moxica, un ambiente doméstico que los arquitectos convierten en una nueva oportunidad de proyecto.


Exponer el grand tour. Iñaki Ábalos & Juan Herreros

Exponer es enfrentarse a la necesidad de repensar el trabajo realizado –y repensarlo es siempre representarlo, volverlo a presentar mediante una exposición, esto es, poniéndolo fuera de sí mismo y de nosotros mismos, sus autores-. Ello significa también la posibilidad de redescribirlo, de revisitar esfuerzos, ideas lugares, todo lo que construye la gran conversación que la arquitectura establece con el mundo y consigo misma, para mostrar esa amalgama aparentemente confusa, como un trayecto o, mejor, un proyecto: algo lanzado a través o hacia delante, no carente de dirección ni destino, sino todo lo contrario, obedeciendo, no se sabe si ciegamente, a un plan. Un plan que se materializa en un mapa. Exponer es precisamente construir ese mapa que nos devuelve el mundo de la experiencia representado. Representar el mundo, igual que rememorar, consiste en ese placer que proporcionan la mente y la fantasía al devolvernos el caos primordial del mundo, su simultaneidad y confusión, como sujetos a un orden, organizados en un todo coherente, dueños nosotros los humanos de sus destinos. Tal es el placer del arte: proporcionarnos el consuelo de revisitar la realidad reinventándola mediante la proyección de la frágil subjetividad humana abriendo trayectorias, conciliando temores y miedos, y cerrando la complejidad fenomenológica en forma de un ciclo, con un final o una finalidad, dando forma así al queridísimo tiempo teleológico, tan presente en nuestra existencia biológica como en la tradición cristiana o en la marxista: la gran representación. (…)

¿Por qué hemos organizado el trabajo en cuatro categorías que no responden a una taxonomía programática, ni material, ni formal, aunque sí tienen acotada una dimensión relativa y sobre todo una diferente condición topológica? ¿Qué es lo que se logra representar con esta propuesta tan básica de organización?

Esta organización introduce en principio un orden mínimo en el conjunto de proyectos y demás actividades desplegadas. Pero introduce un orden virtual mucho mayor, resultado de extrapolar las cuatro categorías empleadas para la ocasión –observatorios, pabellones, paisajes reciclados, enlaces- a todo el territorio de la arquitectura y la ciudad: como si estas categorías bastasen para dar lugar a un universo completo. (…)

(Extractos del catálogo, ed. CAAM, Las Palmas de Gran Canaria / Fundación ICO, Madrid, 2005)