Archivo Portera

Archivo Portera. Alicia Chillida con la Fundación Juan March

Alberto Portera (Zaragoza, 1928- Madrid, 2019), catedrático de Neurología por la Universidad Complutense de Madrid, alcanzó grandes logros profesionales y académicos a lo largo de su vida. Se especializa en Neurología y Psiquiatría en Estados Unidos, Georgetown y Maryland. Aragonés de nacimiento y de vocación, obtiene su licenciatura en 1950, año en el que viaja a París donde coincide con Eduardo Chillida, Pablo Palazuelo o Narciso Yepes. Trabaja al frente de unidades médicas en hospitales públicos como el 12 de Octubre de Madrid.

Amante de su profesión y apasionado por el arte, con un don de gentes y una energía expansiva extraordinarios, Portera esconde un rasgo artístico innovador como autor de películas documentales en super 8 mm, en las que filma, sobre todo, a artistas e intelectuales de modo incansable, durante la década de los sesenta, setenta y ochenta. Este es el rasgo central del proyecto de exposición Archivo Portera que presenta la Fundación Juan March, en contexto con la colección de obras de arte que configuró a lo largo de su vida, además de su archivo personal, hasta hoy inédito. Más de cincuenta cintas de cine en super 8 y vídeo filmadas por Portera a los artistas son objeto de su investigación: Bonifacio, José Guerrero, Charles y Geraldine Chaplin, Chirino, Fernández Alba, Amadeo Gabino, Millares, Mompó, Antonio Saura/Asger Jorn, Carlos Saura, Pablo Serrano y Gustavo Torner, entre otros. Como parte de su archivo encontramos discursos del autor en sesiones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia Nacional de Medicina española. Portera y su mujer, Catherine Caillau, convirtieron su casa de “Mataborricos”, en un lugar de encuentros; allí se daban cita los domingos todos aquellos intelectuales y artistas que quisieran responder a la llamada abierta de Portera, quien consiguió amalgamar a la intelligentsia del momento, rasgo por el que Elvireta Escobio lo considera un auténtico filántropo y lo denomina: el “último humanista”.

Las filmaciones de Portera, sus testimonios escritos y su colección de arte, suponen el vestigio de su vida y un retrato del ambiente cultural de una época que se incardina con la generación de los artistas del Museo de Arte Abstracto de Cuenca y con el contexto cultural del momento: el Grupo 15, del que Portera fue miembro fundador;  así como otros núcleos artísticos e intelectuales: las Galerías Juana Mordó y Theo, con profesionales al frente como Elvira González, y otros agentes como Eusebio Lázaro, Carmen Giménez, Armando Montesinos, María de Corral, Helga de Alvear o Elvireta Escobio entre otros. Con motivo de esta exposición, la FJM ha llevado a cabo la digitalización del material documental del archivo Portera. Además, documentar con entrevistas, ya sea en formato vídeo o escrito, la memoria y la experiencia de estas personas en su relación con Portera.

La investigación de Alberto Portera ilumina la realidad de un momento histórico esencial de la transición del arte y la ciencia contemporáneos, el que tiene lugar a partir de los años sesenta en España. Más allá de apreciar el valor estético de una obra de arte, Portera se interesa por lo que finalmente perdura: el sentimiento y la pasión con los que el artista crea, el impulso que le lleva a descubrir algo nuevo. Este momento es dotado de un enorme significado por parte del autor y es recogido por su cámara que filma el potencial de los artistas durante el proceso mismo de la creación. Este es su modo personal de retratar lo que hay dentro del arte, una mirada neurocientífica que nos introduce de lleno en un nuevo campo de investigación, desde dos ópticas que confluyen: arte-ciencia. En ese interés por el cerebro, nos explica el importantísimo papel que juega este órgano en la observación de la obra de arte y señala los “elevados niveles de emoción estética en el cerebro humano educado y la capacidad de transformarla en caudal mental”. Una obra de arte es capaz de crear emociones en el espectador, comunicándose con él y estableciendo un diálogo. La obra no empieza y acaba, sino que perdura, sigue hablando por sí misma.

 

La pintura abstracta ha obligado al espectador actual a desarrollar sistemas de percepción visual que le permiten analizar intensamente la obra y descubrir contenidos estéticos que, al ser personales, pueden ser distintos dcae los planteados por el propio artista. Este cerebro observador así educado, en cierto modo, actúa como un instrumento creador que añade datos emocionales y complementa los del propio pintor. 

Alberto Portera


 Involucrado en una actividad intelectual incesante, Alberto Portera es autor de poesías, guiones de cine y ensayos en los que pone de manifiesto la convivencia natural del arte y ciencia, sus dos pasiones. La neurona como obra de arte, Les Demoiselles d´Avignon, Envejecimiento en el siglo XXI o La música como síntoma, Nueve ideas sobre Goya, son algunos de los títulos que contiene este precioso legado, en gran parte inédito, que es mostrado al público por primera vez, en formato expositivo y acompañado de una publicación. Esta exposición es un reconocimiento a Alberto Portera desde el arte y la ciencia, como agradecimiento de la sociedad a la que sirvió y engrandeció.